UN ANTES Y UN DESPUÉS EN DIEZ MINUTOS

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Avanza el programa de formación en supervisión y coaching sistémico, en esta ocasión presentamos una reflexión de Juan Francisco Fernández Erauskin.Desde la experiencia y la vivencia nos traslada la emoción de llevar a la práctica profesional el conocimiento.
Agradecidos por esta contribución y preparando ya el programa de formación 2015-17, lleno de novedades  del que os informamos en breve, os dejamos  con esta bella reflexión.
UN ANTES Y UN DESPUÉS EN DIEZ MINUTOS.
Afloran con fuerza desde mi interior algunos interrogantes ¿ cuánto duran diez minutos ? y ¿ dónde se inician y dónde concluyen ? La percepción del tiempo varia de manera significativa de un niño a un adulto; varia en función de la actividad o acontecimiento que estamos viviendo; varia en función de las emociones, sentimientos o percepción que tengamos de lo realizado o vivido; varia en función de que participemos en algo como sujetos activos o como sujetos pasivos y ¿ por qué no puede variar en función del significado que vaya adquiriendo un hecho, acontecimiento o experiencia vivida en la conciencia de uno mismo?
Se formulan en mí estas preguntas a partir de una experiencia en el contexto de las prácticas para la formación en Supervisión y Coaching Sistémicos que estoy realizando con HZ Consultoría.
Todo parte de una conversación con la persona  a la que había hecho llegar la posibilidad de iniciar un proceso de supervisión.  Habíamos intercambiado, previamente, escritos. Mantenido  breves conversaciones por teléfono; alguien conocido por ambos hizo labor de mediación.  Le facilitó una ligera idea sobre lo que podía consistir un proceso de supervisión .  Por esta amiga en común tenía yo  un leve conocimiento de cual era su actividad laboral, de la función que desarrollaba, de la demanda: por tener trabajadores a su cargo y por la complejidad de su actividad. Se trataba de una persona bien formada y considerada competente en su entorno laboral.

El día fijado para la entrevista acudí agarrado a un pensamiento, tenía la duda sobre si aceptaría el proceso de supervisión.  A la hora indicada y en el lugar acordado apareció. Al mismo tiempo lo hacía yo. Todo parecía estar muy medido. Al verla pensé que todos los que podrían pasar por el lugar y contemplarnos nos verían acudir solos, yo imaginaba que cada uno iba con muchos acompañantes: ideas fabricadas con antelación para afrontar el encuentro, con cierto temor de la imagen que desvelaríamos el uno al otro en contraposición a la imagen que deseábamos dar, de dudas y preguntas… 
Nos saludamos con cortesía. Ella puso especial empeño en pedir y pagar  los cafés.En está entrevista se inicio un encuentro, una relación que pasado el tiempo comprendí  había comenzado y  había concluido mucho antes y mucho después de la propia entrevista.
Nos presentamos. En el primer silencio que percibí, continué la conversación intentando explicarle lo mejor posible en que consistía la propuesta. Ella, en un momento, con exquisita delicadeza y extraordinaria habilidad, me interrumpió y me comunicó que ya no la necesitaba…
Sin darme oportunidad de hablar me dijo  que había dejado el trabajo hace unos días. 
A lo largo del tiempo que había transcurrido desde el ofrecimiento de iniciar un proceso, hasta el hecho de abandonar el trabajo se había dado cuenta de que tal vez quería utilizar la supervisión como una excusa para que otro tomará la decisión que Ella debía tomar por sí sola. Una decisión que ya tenía forma en su interior.  Este tiempo le había servido para tomar conciencia de que sola debía asumir la responsabilidad de decidir, de asumir la capacidad de decidir en su vida, en los aspectos importantes que le conciernen. 
Este encuentro se conectaba con su necesidad de comunicármelo en persona y no a través de terceras personas o por teléfono.
En ese preciso momento, ante mí, me vino la imagen de que se abría una enorme catarata con un inmenso caudal y  que con una fuerza infinita  me arrastraba al fondo de un valle. En el viaje al mismo, a una velocidad vertiginosa, todo daba vueltas y me perdía en el espacio, en el tiempo y ni tan siquiera me encontraba a mí mismo. El pensamiento al que me agarraba antes de la entrevista se extinguió, como la llama de una vela en medio de una fuerte corriente de aire.
Pasados unos segundos en silencio o tal vez algún minuto, difícil saberlo cuando no sé cuánto duran diez minutos, sólo se me ocurrió preguntar cómo se sentía. A lo que Ella, serena y firme a la vez, contesto que dueña de sí misma. Ella se sentía dueña y segura de sí misma y yo en ese momento perdido en el fondo de un valle que no reconocía.
Seguidamente me surgió, sin pensarlo, felicitarla por ser muy valiente para tomar una decisión así, por que abría la posibilidad de vivir algo nuevo y por que tal vez con ello recobraba valores que para ella eran muy importantes y que siempre habían estado con ella.
Agradeció mi presencia y mi interés a la vez que me mostraba su convencimiento de que pronto tendría otro cliente.
Nos despedimos, Ella tomó la dirección del puente Euskalduna y yo la dirección del aparcamiento que hay frente a correos. En mi camino hacia el coche me sentía como si tuviera algo en mis manos que no podía agarrar, pues no tenía forma, y  no alcanzaba a entender. Como necesitaba tener algo de seguridad en mí me agarre al sentimiento de frustración.
La experiencia vivida la cubrí con el velo del olvido, lo mismo que un cuadro que se encuentra en medio de un enorme pasillo iluminado por la luz de una bombilla se queda en la penumbra al fundirse ésta. La gente pasa por el pasillo y el cuadro no se hace presente al quedar oculto en la penumbra, pero no por ello deja de estar ahí.
Pasado, aproximadamente un mes,  tome conciencia con esta vivencia al escuchar la pregunta que formuló un compañero en un seminario en el que participaba …¿ cuándo comienza un proceso?
La pregunta y otras vivencias profesionales , me dieron la clave.
Mi potencial cliente había comenzado su proceso de supervisión antes de nuestro encuentro formal. Con las primeras comunicaciones la relación  ya se había establecido como  proceso; en ese inicio,  sin saber cómo, se había formulado el interrogante
¿ qué esperas de este proceso de supervisión ?
Al realizar el primer encuentro ya llevaba tiempo trabajando y en ese proceso había sacado lo mejor de sí misma y se había abierto a un mundo de nuevas posibilidades. El encuentro era la conclusión de un proceso que sólo le había pertenecido a Ella, del cual nadie debía apropiarse y que compartía conmigo por acompañarle en el mismo.
También tomé conciencia de que era la segunda vez en mi vida que un encuentro efímero adquiere mucha fuerza o vida mas allá del mero instante en el que se produce. Dicho encuentro, me ha ayudado  a reconocer una vivencia que me pertenece por incomoda que resulte. En el encuentro compartido he comprendido que no me asustó su decisión o que no me molesto no tener cliente, sino que yo que tenía resistencias. Resistencias que me han acompañado estos últimos meses, resistencias que se relacionan con los cambios de mi propia situación laboral.
Quiero seguir aprendiendo a ayudar a que cada persona descubra que tiene capacidad de decidir su propio destino y como vivirlo, de encontrar nuevas posibilidades y de seguir creciendo. Quisiera seguir aprendiendo a ayudar a que cada persona se sienta libre de saber que hacer con lo que acontece, entendiendo que las circunstancias que nos acompañan son experiencias de vida. Experiencias de vida que pueden ser narradas de diferentes formas. Que estás formas de narrarlas pueden modificar nuestra forma de actuar y se convierten en lanzadera a un futuro lleno de posibilidades.
En este proceso de aprendizaje quiero seguir creyendo que cada persona, que todos tenemos capacidades  y herramientas suficientes para afrontar nuestro presente e ir hacia un futuro que queda por vivir. Seguir aprendiendo que lo mejor que tenemos somos nosotros mismos.
Sigo sin saber cuánto duran diez minutos, pero si sé que alguien paso por el pasillo, cambió la bombilla y una nueva luz ilumino el cuadro. Éste volvió a hacerse presente con sus mismos trazos y colores, pero con un nuevo significado y una dimensión más grande.
Juan Francisco Fernández Erauskin.
Programa de formación en  Supervisión y Coaching Sistémicos -2015
txanfrank@yahoo.es
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